UN VIAJE HACIA LA EQUIDAD.
Hoy no escribo para
explicar un proyecto. Escribo para poner palabras a una parte muy importante de
mi vida profesional… y personal. El vídeo que acompaña esta entrada es un
regalo que me han hecho por mis 26 años de trayectoria en el ámbito educativo
dentro de los Centros de Justicia Juvenil de Baleares, pero, sobre todo, es una
oportunidad para detenerme, mirar atrás y tomar conciencia de todo el camino
recorrido.
Cuando en 1999 entré
por primera vez en una pequeña aula con el objetivo de trabajar el absentismo
escolar con chicos y chicas que ya estaban vinculados a alguna medida judicial,
no imaginaba hasta dónde llegaría aquel primer paso. Era un espacio modesto,
con pocos medios, muchas preguntas y más incertidumbres que certezas. Pero
también había algo muy claro: la convicción profunda de que la educación debía
estar presente allí donde más difícil parecía sostenerla.
Desde el inicio
entendí que no estaba solo ante un reto educativo, sino ante un posicionamiento
ético. Trabajar con menores en conflicto con la ley exigía, y sigue exigiendo,
no confundir nunca el hecho cometido con la persona, ni el expediente judicial
con la identidad del alumno o la alumna. Ese principio, aparentemente sencillo,
ha sido uno de los pilares que han guiado todo este viaje: un menor infractor
no deja de ser alumno, y cuando dejamos de verlo así, el sistema educativo
fracasa en su función más esencial.
A lo largo de estos 26
años, ese primer proyecto pequeño se ha ido transformando en algo mucho más
amplio, estructurado y sólido. No ha sido un crecimiento rápido ni fácil. Ha
sido un proceso lento, de reflexión constante, de construcción colectiva y de
toma de decisiones que, en muchas ocasiones, han requerido valentía
profesional. Se han ido definiendo estructuras claras, modelos organizativos
rigurosos y propuestas educativas coherentes, siempre con una mirada puesta en
la sostenibilidad del proyecto y en su calidad pedagógica.
En este recorrido ha
sido clave el trabajo en equipo. Nada de lo que hoy existe habría sido posible sin
los y las profesionales que han creído en el proyecto, que lo han hecho suyo y
que han aportado miradas diversas, críticas y complementarias. Coordinar,
acompañar y dirigir equipos en contextos de alta complejidad educativa y
emocional ha sido uno de los aprendizajes más profundos de estos años, y
también una de las mayores responsabilidades asumidas.
Hoy podemos decir que
las aulas escolares de los Centros de Justicia Juvenil de Baleares son un
proyecto educativo consolidado, con una estructura sólida y con capacidad real
de mantenerse en el tiempo. Con un nombre propio: IES CAN BALO. Pero llegar
hasta aquí ha implicado no renunciar nunca a la exigencia educativa, incluso en
contextos de privación de libertad. O quizá precisamente por ello.
Trabajamos con
alumnado de entre 14 y 20 años que cumple una medida judicial como consecuencia
de trayectorias vitales marcadas, en muchos casos, por rupturas familiares,
fracaso escolar, exclusión social y situaciones profundamente complejas. Asumir
esta realidad no significa justificar conductas, pero sí entenderlas. Y, sobre
todo, implica tener claro que cumplir una medida judicial no puede ni debe
suponer una renuncia a una educación reglada, de calidad y con sentido.
Desde una perspectiva
de equidad y justicia social, siempre he defendido que ofrecer una respuesta
educativa garantista en estos contextos no es un privilegio, sino un derecho.
Un derecho que, además, tiene un impacto directo en el futuro de estos jóvenes
y en el de la sociedad en la que todos convivimos. Porque la educación, cuando
está bien pensada, bien gestionada y bien acompañada, puede convertirse en un
potente factor de protección.
Soy consciente, y así
lo hemos trabajado siempre, de que la reincidencia es un fenómeno
multifactorial. No existe una única variable que la explique ni una receta
mágica que la evite. Sin embargo, también sabemos que una buena formación, un
proceso educativo coherente y una experiencia escolar positiva pueden marcar
una diferencia real. Cuando un joven vuelve a verse a sí mismo como alumno,
cuando descubre que es capaz de aprender, de esforzarse y de construir algo
valioso, se abre una puerta que antes estaba cerrada.
Uno de los mayores
logros de este proyecto ha sido precisamente ese: ayudar a que muchos menores
infractores vuelvan a convertirse en alumnos y alumnas en pleno sentido. No
solo asistiendo a clase, sino creyendo de nuevo en sus propias posibilidades.
La educación, en estos contextos, no es únicamente transmisión de contenidos
curriculares; es reconstrucción de la identidad, del vínculo con la norma, con
el esfuerzo y con la comunidad.
El vídeo que presento
recoge todo este proceso. No solo muestra resultados, sino también la
evolución, los cambios, las adaptaciones y la capacidad de reinventarnos una y
otra vez. Porque si algo he aprendido en estos años es que trabajar en justicia
juvenil exige una revisión constante de nuestras prácticas educativas. Nada
puede darse por cerrado. Todo debe poder ajustarse para responder a realidades
cambiantes y a necesidades cada vez más complejas.
Este regalo
audiovisual no es un cierre, ni un homenaje entendido como punto final. Es una
fotografía en movimiento de un proyecto vivo, que sigue creciendo y
transformándose. Un proyecto que tiene como objetivo seguir ofreciendo una
educación de calidad a quienes más la necesitan, sin bajar expectativas, sin
renunciar al rigor y sin perder nunca la mirada humana.
Sigo creyendo, como el
primer día, que una sociedad más justa se construye también desde estas aulas.
Desde espacios donde se educa con profesionalidad, pero también con convicción;
con normas claras, pero con acompañamiento; con exigencia, pero con confianza.
Si conseguimos que los alumnos y alumnas que pasan por nuestros centros se
conviertan en adultos con más herramientas, más conciencia y más oportunidades,
estaremos contribuyendo a que la sociedad del mañana sea, al menos, un poco
mejor.
Este vídeo es un
regalo, sí. Pero también es una responsabilidad renovada. La de seguir
trabajando, aprendiendo y ajustando todo lo necesario para que la educación
siga siendo una verdadera oportunidad de cambio, incluso, y especialmente, allí
donde muchos creen que ya no es posible.
Nuria López Roca.


